
Hace mucho años, mientras trabajaba como stripper, una chica llamada Diablo Cody aprendió que gracias a sus senos, una mirada seductora, una pose sensual o la mano sobre el muslo, podría hechizar la mente de cualquier hombre, así que decidió aprovecharse de eso.
Con su plan trazado y la necesidad de llegar a millones, comenzó a escribir guiones de cine, caracterizados por una comunicación de adolescente posmo: irónica, desenfadada e ingeniosa, todo eso con la brevedad posible, como es usual en el era del Internet. Así, sus guiones estaban plagados de frases divertidas, comentarios bien pensados, y una admirable cantidad de one-liners inteligentes, todo escrito en formato twitter. Desafortunadamente sus películas terminaban siendo como una batalla entre raperos insultándose con rimas: entretenido por un momento, pero totalmente irrelevante y fastidioso luego de 30 minutos.
Pero el fallo más grave del súcubo guionista y sus cómplices, fue su estrategia publicitaria: bombardear los medios con trailers, afiches y banners con fotos de Megan Fox vestida de colegiala, anunciar que la chica aparecería desnuda en la cinta, y que además tendría una escena lésbica. A pesar de sus esfuerzos por venderse a través de su hermosa protagonista, la cinta fue un fracaso de taquilla y el súcubo, con el ego herido, se retiró a vivir en una cueva en Groenlandia, mientras planea su regreso a Hollywood.
Y es que si quieren ver a la señorita Fox no necesitan gastar su dinero en el cine, cada 30 minutos aparece en la web un nuevo photoshoot con la chica, que pueden ver en la privacidad de su alcoba (Como esta sesión para Rolling Stone, este detrás de cámara de GQ, video para Esquire,o la sesión para Elle)
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